Sala de Prensa

23/12/2025

Columna de opinión:

Inteligencia artificial y justicia penal

El siguiente artículo, redactado por el Defensor Regional de Atacama, Raúl Palma Olivares, fue publicado en el diario Atacama.

Por Raúl Palma Olivares,
Defensor Regional de Atacama.

El vertiginoso desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA), ese campo digital que comprende una serie de técnicas que permiten a los sistemas computacionales -a través de modelos algorítmicos alimentados de datos- llegar a predecir y definir decisiones con alguna intervención humana, ha redefinido labores y tareas desarrolladas por las personas de manera sustancial.

Por cierto, el ámbito de la justicia no está ajeno a este cambio paradigmático, toda vez que la IA busca incidir en la productividad, eficiencia y calidad de vida y, en particular, en una justicia que permita a sus operadores reducir los tiempos de trabajo, mejorar los servicios y simplificar los procesos.

No obstante, el uso de la IA en el ámbito de la justicia penal debe invitarnos a una reflexión critica, que no obstaculice el desarrollo de las tecnologías, pero que permita un mayor entendimiento del alcance de su uso masivo. El proceso penal es un sofisticado sistema normativo y axiológico enfocado en la persona humana, especialmente en la que está siendo juzgada y -por tanto- requiere un énfasis antropológico y jurídico diferenciado.

La filósofa Shoshana Zuboff escribió “La era del capitalismo de la vigilancia”, donde plantea el progresivo extractivismo de datos por las grandes plataformas digitales, donde las personas mayormente analfabetas digitalmente y aspirando a una pretendida libertad a través de los avances tecnológicos, desconocen este mercantilismo expansivo de sus datos personales con fines opacos. 

La presidenta de Signal, mensajería sin fines de lucro y que trabajó en Google, Meredith Whittaker, postula que en ámbitos como la justicia la IA no puede ser una mera cuestión técnica, sino que debe invitar a un debate interdisciplinario, porque está en juego la privacidad de las personas cuyos datos sensibles son recopilados por los poderosos conglomerados digitales y económicos.

En definitiva, un sistema de justicia penal moderno debe enfrentar los nuevos desafíos, tanto en acceso a la justicia y en gestión como en el abordaje de la criminalidad emergente de forma innovadora y con nuevas tecnologías, pero caben interrogantes sobre si el uso intensivo de la IA puede erosionar la transparencia de las decisiones, la privacidad e intimidad de las personas que son usuarias del sistema y el riesgo de que su condición humana se vea desvalorizada al ser sometidas a diversas decisiones algorítmicas, muchas veces sesgadas, que lesionan sus derechos fundamentales.

Una mirada crítica de la IA en el ámbito de la justicia, en tiempos de miedos y ansiedades, de eficientísimo y celeridad, nos debe alertar sobre los riesgos epistémicos de una justicia donde se sustituyan las personas y el lenguaje, y de cómo abordar el desafío colectivo de nuevas tecnologías al servicio del ser humano y del pensamiento, evitando el deterioro democrático con las posibles derivas autoritarias que la concentración de información personal y la opacidad provocan.

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