Sala de Prensa

22/09/2025

Columna de opinión:

El defensor y el taxista

El siguiente artículo, escrito por el periodista de la Defensoría Regional de Magallanes, Héctor Martínez Díaz, fue publicado en el diario El Mercurio de Antofagasta y Calama.

Por Héctor Martínez Díaz,
periodista Defensoría Regional de Magallanes.

El diario argentino Perfil del 13 de septiembre publica una entrevista a Philippe Sands, abogado ante la Corte Penal Internacional, reconocido jurista y profesor en la University College of London, quien estuvo a un tris de asumir la defensa de Augusto Pinochet durante su detención en Londres.

Sands es un ‘barrister’, abogados que usan peluca y argumentan casos. Los rige el ‘principio del taxista’. “Somos como conductores de taxi: vamos manejando y alguien levanta la mano y dice: ‘Quiero que me lleves para que argumentes mi caso’. No se nos permite decir: ‘No me gusta esta persona. No me gusta su política. No me gusta su aspecto’. Tenemos la obligación, el deber, de tomar el caso”, afirma.

Su visión del rol de los abogados es que ser abogado no es un negocio. “Tienes una función social como abogado: contribuir a elaborar el sistema del estado de derecho y la administración de justicia. Y eso significa que a veces actúo en nombre de personas que no me gustan, con cuyas acciones no estoy de acuerdo, cuyas ideas políticas rechazo. Esa es la realidad”, comenta.

Emmanuel Carrère, en su libro V13, una crónica del juicio a los imputados como autores de los atentados de París del año 2015, que causaron la muerte de 130 personas, en el capítulo “Los caballeros penalistas” describe al grupo de abogados denominados “secretarios de conferencia”. No habría mayor prestigio en la profesión legal francesa que llegar a ser secretario de conferencia: son quienes ejercen como abogados de oficio y asumen gratuitamente, durante un año, la defensa de los más pobres.

Carrère pregunta a uno de esos “secretarios de conferencia” -quien defiende a uno de los acusados en el juicio por los atentados de París- si existiría un límite o causas que se negaría a defender. “Si me preguntas eso es que no has comprendido qué es ser abogado. Yo no defiendo ninguna causa, pero no rechazo a ningún acusado”, responde el defensor.

“Por poner el ejemplo en los delitos peor vistos, evidentemente no defendemos la pedofilia o el terrorismo, pero estamos dispuestos a defender a un pedófilo o a un terrorista. Hay que defenderlos, es la ley, es esencial distinguir entre la persona y el acto. Ser abogado es eso; hacer todo lo posible para que el acusado se le juzgue con arreglo al derecho y no según las pasiones. Y luego, cuando todo el mundo le haya dado la espalda, ser el último en tender la mano de nuevo”, subraya.

Como en nuestra tradicional mentalidad inquisitiva judeo-cristiana priman las pasiones, frecuentemente escuchamos: ¿Cómo es posible que se preste defensa penal publica a delincuentes? Se cuestiona, además, que la defensa sea otorgada con recursos públicos.

Incluso, en un sesgo machista, se critica aún más cuando en delitos sexuales el defensor sea una mujer o se le pregunta qué siente cómo mujer cuando defiende a un violador, pregunta que, por cierto, no se le hace a un defensor varón.

Quizás si esa atávica mentalidad acusadora la heredamos desde el juicio que llevó Dios en contra de Adán y Eva. El creador fue juez y parte, los acusó y condenó a ser expulsados del paraíso. Fue un juicio sumario, no hubo debido proceso, ni Adán ni Eva tuvieron un defensor.

Muchos quisieran que ese tipo de procesamiento penal se practique hoy en día, que la mera detención o acusación baste para condenar, sin gastar tiempo y dinero en respetar garantías procesales de las personas, porque en el Edén y en la justicia divina no son necesarios defensores ni tampoco taxistas.

Pero vivimos en un mundo terrenal, impera la justicia de los mortales, no existe verdadera justicia sin defensa, aunque ahora a los taxistas les llamemos Uber.

  • subir
  • imprimir
  • volver

DPP - Av. Bernardo O'Higgins 1449 Pisos 5 y 8, Santiago - Cód. Postal: 8340518 - Teléfonos +56 443 686 800 | +56 443 686 890